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Foto: Google

 

JUANA INÉS DE AZVAJE

 

Juana Inês de Asbaje Ramírez de Santillana, mais conhecida como Sor Juana Inês de la Cruz, nasceu em 12 de novembro de 1648 e é considerada uma das escritoras mais emblemáticas do século 17, além de ser uma das pioneiras na luta pela igualdade de gênero.

 

       De veras, mi dulce amor;
cierto que no lo encarezco:
que sin ti, hasta mis discursos
parece que son ajenos.
Porque carecer de ti,
excede a cuantos tomentos
pudo inventar la crueldad
ayudada del ingenio.
A saber la tiranía
de tan hermoso instrumento,
no usara de las escarpias,
las láminas, ni los hierros:
Ocioso fuera el cuchillo,
el cordel fuera superfluo,
blandos fueran los azotes
y tibios fueran los fuegos.
Pues, con darte a conocer
a los en suplicio puestos,
dieran con tu vista gloria
y con tu carencia infierno.

En el Segundo tomo de sus obras, expone la autora
su experiencia amorosa de manera didáctica:

Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos,
sustentase de llantos y de ruego.

  Doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.


 



Su principio, su medio y fin es éste:
pues ¿por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia que otro tiempo bien te quiso?

       ¿Qué razón hay de que dolor te cueste,
       pues no te engañó Amor, Alcino mío,
       sino que llegó el término preciso?

Juana Inés confiesa su amor sado-masoquista en tres
sonetos:

       Al que ingrato me deja busco amante;
       al que amante me sigue dejo ingrata
       constante adoro a quien mi amor maltrata;
       maltrato a quien mi amor busca constante.

       Con el dolor de la mortal herida,
       de un agravio de amor me lamentaba;
       y por ver si la muerte se llegaba,
       procuraba que fuese más crecida.

       Toda en el mal el alma divertida,
       pena por penas su dolor sumaba,
       y en cada circunstancia ponderaba
       que sobraban mil muertes a una vidas.

       Y cuando, al golpe de uno y otro tiro,
       rendido el corazón daba penoso
       señas de dar el último suspiro,

       no sé con qué destino prodigioso
       volví en mi acuerdos y dije: ­¿Qué me admiro?
       ­¿Quién en amor ha sido más dichoso?
      

 

 

 
 
 
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